Hoy nos levantamos sin prisa porque las visitas previstas son aquí en Dunedin, y la península de Otago que está a 12 km.
Desayunamos tranquilamente los muffins con los que nos obsequió ayer la dueña, y un café con leche de los que hay en todos los moteles.
A las 9:45 nos ponemos en marcha y vamos hacia la península. Allí hay tan sólo 2 carreteras, una es la interior que transcurre por la cresta de la colina cruzando la península por el centro, y otra es la costera que va literalmente por el mismísimo borde de la costa. Sin un sólo bordillo, ni arcén, ni separación del agua. Apenas 50 cm separan el asfalto del agua...
Llegamos al final de la península donde hay un centro de conservación del albatro real que está cerrado.
Paseamos por la costa y bajamos a un punto donde hay una colonia de focas deleitándose en el agua y tumbadas sobre las piedras. Cuesta distinguirlas si no se mueven porque son del mismo color que las piedras, pero poco a poco vamos viendo más de 20. Nos hartamos a tomar fotos y vídeos, y cuando nos queremos dar cuenta, a nuestra espalda ha salido una del agua, ¡y la tenemos a penas 8 metros!. Va hacia una pradera a tumbarse en la hierba. Parece mentira lo ágil que va fuera del agua. Cuando se tumba nos hacemos fotos con ella. Es una pasada la experiencia de tenerla tan cerca. Dan ganas de tocarla.
De vuelta hacia Dunedin, intentamos visitar el castillo de Larnach, que está en lo alto de la colina, pero la carretera de subida está cortada.
Sobre las 13, nos vamos al jardín botánico de Dunedin, donde comemos y visitamos el jardín, que es una preciosidad. Nos detenemos más viendo el aviario que hay con infinidad de loros, a cual más bonito y llamativo.
Después de un par de horas por aquí, decidimos ir al centro de la cuidad, el Octagon, así llamado porque e la plaza central, donde se encuentra el ayuntamiento y la Catedral de St. Paul, tiene forma octogonal.
Antes de eso, nos acordamos que aquí está la que se considera la calle más empinada del mundo, Baldwin Street, y vamos a verla. Impresiona. Es tal la inclinación que nos da miedo subir con el coche porque da la sensación de que no va a poder subir, así que decimos subirla andando... Cuesta la cuestecita..., aunque no somos los únicos, porque una excursión de japoneses también se animan. Hay algún que otro atrevido que se anima en coche, pero luego la bajada se lo piensan más; la calle no tiene salida, una vez que subes ¡sólo te queda bajar!. Parece una montaña rusa. Nos hacemos algunas fotos, y en la bajada, nos encontramos ¡un erizo!, bajando lentamente, sin prisa. ¡Qué auténtico!.
De ahí nos vamos al Octagon a visitar el centro. Son las 17:00 y ya están cerrando todo. Es un poco desolador ver el centro de las ciudades, un sábado por la tarde, tan vacío.
Damos una vuelta por las calles principales y nos sentamos a tomar una cervecita. Yo me tomo una cider, que es como una especie de sidra de distintos tipos de frutas. Está buena y me resulta más refrescante que la cerveza.
Sobre las 18:30, y viendo que ya no parece que haya mucho que hacer por aquí, nos vamos para el hotel. Antes pasamos por el supermercado para comprar comida para estos días, y cogemos algo para cenar luego en el motel.
Ya en el hotel nos ponemos a reservar hotel para las dos noches que nos quedan en NZ. Preparamos el plan para estos 3 días, miramos el traslado del aeropuerto de Sidney al hotel. Esto ya va tocando a su fin.
Cenamos, hacemos el diario, un poco de tele para intentar entenderles mejor su difícil inglés, y a dormir. Hoy ha sido un día más relajado, posiblemente el primero...
Ruta: Dunedin - Península de Otago.
Km: 98 km.
Hotel: Aria on Bank.














Para ser más relajado también lleno de experiecias!!
ResponderEliminarQue bien
Besos gordos
Vosotros no paráis ni en los días relajados..... Exprimís todo, todo y todo!!!!! Óle
ResponderEliminarQué prontito cierra todo....asi con nuestros horarios y nuestras costumbres, no nos encaja! jeje. El caso es que a ellos se les ve la mar de felices, jeje
ResponderEliminarbesos