A las 8 despiertos. La noche ha sido mala, dolor de todo el cuerpo y tiritonas. Pero el dolor de estómago ha remitido, y ya tolero mejor los líquidos. Mientras Jacinto se va a desayunar aprovecho para ducharme y arreglar un poco la habitación. Hoy me toca esperar en el camarote hasta que me dejen salir. A las 10 me llaman del servicio médico para ver cómo estoy, recordarme que no debo salir, y me dicen que ya puedo empezar a comer algo ligth para ver cómo lo voy tolerando.
Estoy oficialmente "isolated", es decir, aislada. No puedo salir de la habitación ni visitar ningún espacio común. Y mucho menos bajar a tierra. Empiezo a pensar que no es que se preocupen por mi bienestar, sino más bien por la del resto del pasaje.
Al venir de desayunar, Jacinto me cuenta que están desinfectando todo el barco. Obligan a la gente a desinfectarse las manos antes de entrar al buffet, no permiten a nadie tocar las pinzas de la comida; sólo las manejan los camareros, tampoco te puedes servir la bebida de las máquinas automáticas, sino que el camarero lo hace por ti. Desinfectan pomos, barandillas, botones del ascensor y todas aquellas zonas que son tocadas habitualmente por la gente.
Sobre las 11 llaman a la puerta y viene un equipo especial de desinfección para limpiar a fondo la habitación. Parecen los cazafantasmas, con mascarilla, guantes y delantal especial, mientras un sobrecargo me da charla, los otros dos ponen el camarote patas arriba y cambian toallas y sábanas. Me informan que por protocolo lo harán dos veces a lo largo del día.
Jacinto va y viene por el barco esperando que me levanten el arresto. Ya me encuentro mejor, pero no me dejan salir. A las 13:15, pensando que se han olvidado de mí, llamo al servicio médico para pedir permiso. Por más que insisto que ya han pasado más de 24 h desde el último vómito (que es lo que me dijo la enfermera que tenía que estar en aislamiento), me dicen que en el ordenador pone que no puedo salir hasta las 15:00, y que no me mueva de la habitación hasta entonces. Qué sensación más rara ésta de estar confinado en la habitación. Me duele todo, ya no sé qué hacer.
Me traen la factura de la consulta médica de ayer. El total asciende 120 $. 85 de la vista, 14 del inyectable, 15 la medicina y 8 la jeringuilla! Alucino! En qué momento llamé...
A las 14:59, ya lista para salir corriendo y que nos de tiempo a ver algo de Ketchickan, vuelvo a llamar al servicio médico y me dice que bueno, que aún me queda un minuto, pero que puedo salir... Salimos derechos a la puerta de desembarque, y al pasar la tarjeta para salir, me deniegan el desembarque por ser "isolated people"... Me siento como una apestada. Llaman al servicio médico y cuando todo se aclara, ¡por fin puedo salir y ver la luz del día!.
Por fin pisamos Ketchikan. Es un tranquilo pueblo situado en las orillas del Estrecho de Tongass. Paseamos Creek Street, que es una calle construida toda sobre pilotes de madera, sobre el arroyo por donde suben los salmones a desovar. Hay tiendas de souvenirs y de artesanía, y la mayor colección de tótems de Alaska. Queríamos haber sobrevolado los Fiordos en hidroavión pero con este episodio no ha sido posible. Damos una vuelta por el pequeño pueblecito y a las 17 nos volvemos al barco.
Nos vamos a la cubierta de popa, dado que hoy no hace frío, y nos sentamos a tomar un batido y un mojito viendo cómo zarpamos. Hoy no pienso pisar la habitación hasta la noche.
Cuando empieza a refrescar, y tras un rato de lectura, nos damos una vuelta por el barco y acabamos en el restaurante de popa cenando como señores. Aunque en la puerta pone las normas de etiqueta que hay que cumplIr, lo cierto es que cada uno viste a su aire.
El servicio y la atención es inmejorable, y aquí es donde nos damos cuenta que la media de edad del barco es de unos 70-80 años. En los anteriores cruceros no había una población tan mayor como aquí. Deben ser unas vacaciones típicas de los jubilados americanos venir a Alaska.
Tras la cena nos vamos a ver una película a la habitación. El espectáculo del teatro de hoy no nos apetece mucho.
Mañana toca día de navegación y de recogida de equipaje para desembarcar.





Esa es mi chica!!! Recuperada y lista xa visitar lo q proceda!!!
ResponderEliminarQ mal royo lo de estar aislada...
No me extraña que te sientas apestada!!! Y lo de la facturita....ya podían haberte dicho aue trasladarse de la enfermeria a tu camarote cuesta 85 dólares😮😮...habías hecho el paseito tu en sentido contrario....
ResponderEliminarPor lo demás, bien aprovechado el tiempo libre!