Día 15. Vancouver - Munich - Madrid (30 de julio de 2017).

Después del episodio del avión, desembarcamos a tiempo de hacer la conexión con el vuelo a Madrid. El tránsito en el aeropuerto de Múnich es corto, y estamos en la puerta de embarque del vuelo a Madrid 45' antes del despegue. 
A las 15:35, salimos para Madrid, con un vuelo previsto de 2:10 h. Ya se respira otro ambiente, más "español", con dos grupos grandes de pasajeros, uno de un instituto, y otro de jubilados. Estos últimos deben pertenecer a una coral o similar, puesto que nos amenizan el vuelo con cánticos regionales, y charlando y riéndose unos con otros  de punta a punta del avión.

¡Otro hito cumplido!.

Día 14. Crucero - Vancouver (29 de julio de 2017).

El capitán nos despierta por megafonía a las 7:00 avisándonos de la llegada a Vancouver. Con lo justo para darnos una ducha y salir zumbando, nos vamos al buffet a desayunar. Elegimos fuera en la cubierta para desayunar mirando a Vancouver y empezar a disfrutar el día tan espectacular  que hace hoy. 

Hacemos tiempo hasta que llegue la hora de desembarcar que la tenemos entre 8:30 y 9:00. Nos reímos con las descaradas gaviotas que se posan en el respaldo de las sillas esperando a a que te levantes para "recoger" los restos del desayuno. Y echamos las ultimas fotos del barco.


Recogemos las mochilas y bajamos a la puerta de desembarque. Según salimos a puerto nos está esperando una chica de Dominion tours para informarnos que nuestro transfer al aeropuerto se adelanta 2 h. Así que tenemos hasta las 13:30 para patear Vancouver. Resulta que la chica es de Barcelona y se ha venido aquí a trabajar los 3 meses de verano. Debe ser muy habitual dada la necesidad de mano de obra que tienen y el nulo nivel de paro. 

Con el día tan soleado que hace, y ya van 2 seguidos (cosa rara aquí), nos recorremos toda la zona del puerto y la bahía hasta llegar a Stanley Park. Al ser sábado y con este sol, hoy es el día de hacer deporte y bici. Está lleno de Vancouveritas disfrutando el escaso sol. Vemos despegar y amerizar montones de hidroaviones, y gente remando en la bahía. ¡Qué buen ambiente de sábado!


Pateamos hasta la zona de los totems y volvemos con tiempo de recoger las maletas de la consigna, comer un sándwich, hacer más fotos y esperar al bus que nos lleve al aeropuerto. El chofer es un venezolano emigrante en Canadá desde hace 12 años, que nos cuenta su experiencia para adaptarse aquí hasta conseguir la nacionalidad. Le costó el tema del clima, pasar del venezolano a los -40° de Calgary. Por lo demás esta encantado con su vida en este país. 

Vamos para el aeropuerto con 4 h de antelación y por fin cogemos wifi tras una semana sin comunicar con el mundo. Hacemos checkin, control de equipaje, de pasaporte y dedicamos el rato a revisar correo, whatsapp y charlar un rato con las Brujas. Subo las entradas del blog. Vemos tiendas. Tomamos un café. La espera se hace larga, y más pensando que luego tenemos por delante un vuelo de 10 h., más escala de 1:30 h en Múnich, y otras 2 h a Madrid. 


El vuelo ya anuncia 20' de retraso. Esperamos que eso no nos haga perder la conexión de Múnich. 

Al final salimos con 40' de retraso y tiempo previsto de vuelo 9:30. Le echaremos paciencia.

Empezamos el vuelo viendo una película de Will Smith (Belleza oculta), cuando reparten la cena. Seguimos con la película The Founder, y antes de terminar yo empiezo a dar unas cabezadas a pesar del frío que hace y de la capas que me he puesto encima. Por suerte el asiento de mi lado va vacío, y estamos en la última fila.

De repente, cuando llevamos unas 4 h de vuelo oímos voces, correr y golpes. Una azafata nos pide que nos levantemos, que necesita nuestros asientos, y lo mismo a los asientos de delante de los nuestros, donde van los vascos que hemos conocido en este viaje. El pasaje está durmiendo y no entendemos que está pasando. Nos piden que vayamos hacia adelante, y según avanzamos se van despertando el resto de filas. Las azafatas corren y se suben por nuestros asientos con cuerdas en la mano intentando acordonar el sitio. Algunos pasajeros se levantan y van hacia el fondo para intentar ayudar. Al cabo de un rato nos enteramos que hay un pasajero bastante borracho y drogado que ha perdido la cabeza y se ha vuelto muy violento. Cuando ya está reducido nos dejan volver a nuestros asientos, y vemos que está tumbado en el suelo con las manos atadas a la espalda. Un de sus amigos que lo presencia todo, nos cuenta lo que ha pasado. Está rodeado por varias personas del pasaje, el médico del avión y varias azafatas. Da voces y patalea como un loco, pero parece que ya está todo controlado. 

A partir de ahí ya no hay quien duerma. Es la comidilla de todos. Cuando parece que se tranquiliza vuelve a gritar y patear. Menudo espectáculo está ofreciendo. 

Intentamos ver otra película y dormitar algo, pero con el frío que hace y las voces se hace imposible. 
Como no le han sacado del fondo del avión, impide que saquen los carros de comida, y no nos dan el desayuno pidiéndonos disculpas. Sirven un café rápido y a las 13:52 aterrizamos en Múnich. El comandante nos explica la situación y agradece a su tripulación, al médico de a bordo y a los pasajeros su colaboración en el incidente. 

Según para el avión en pista, una azafata abre la puerta de emergencia trasera, justo a nuestro lado, y entra un tropel de "polizei" alemana que estaban en pista esperándonos. Les recibe un militar alemán que es uno de los que le redujo al suelo y que ha estado toda la noche sin separase de él, y les cuenta todo el episodio. 

El pasaje vamos desembarcando y allí se queda toda la Policía, tripulación y el elemento en cuestión. Sus amigos, asustados, salen con el resto del pasaje. ¡Menuda experiencia en vuelo!. 

Día 13. Pasaje interior (28 de julio de 2017).

La falta de luz causa estragos en el sueño y cuando nos despertamos son las 9:00 de la mañana, junto a que esta noche hay que adelantar 1 hora el reloj porque cambiamos de franja horaria, resulta que son las 10! Salimos corriendo a desayunar antes de que cierren el buffet. 

Hoy es el primer día que vemos el sol desde que estamos en Alaska. Parece hacer un día espectacular, pero sin olvidarnos que la máxima es de 16°. 


Nos queda un día entero de navegación por el Pasaje Interior, así que antes de buscar un sitio donde estar, decidimos ir un rato a caminar por la cubierta de la planta 3, que es una cubierta abierta que rodea todo el barco. 3 vueltas a la misma pone que equivale a 1 milla. Así que nos dedicamos a hacer el ejército de hoy proponiéndonos caminar durante 1 hora. Cuando pasa el tiempo y hemos dado 10 vueltas, decidimos dar una par de vueltas más para llegar a las 4 millas. Y una vez alcanzado este nuevo reto, vamos a por el de 5 millas = 15 vueltas = 1:30 h caminando a paso ligero.


Con el día tan espectacular que hace buscamos un sitio en cubierta para disfrutar de los maravillosos escenarios naturales que nos ofrece hoy la navegación. Volvemos por el Pasaje Interior que ya recorrimos el domingo pasado, que transcurre entre islotes a ambos lados, casi tocando tierra y viendo la inmensidad de los bosques de Alaska. Navegamos todo el día sin encontrar ninguna población. Es imposible encontrar ni un centímetro cuadrado sin bosque. Todo, absolutamente todo, está cubierto de árboles. Lo cual nos hace darnos una idea de lo despoblado que es este estado; The last frontier, como les encanta llamarse. De vez en cuando nos  encontramos con algún pequeño barco, o bien de pesca, o bien de recreo, pero no entendemos de donde pueden salir puesto que no hay poblaciones a la vista.


Pasamos el resto de la mañana en la popa de la cubierta 9, escuchando música de fondo y disfrutando de este espectacular día que nos ha salido de regalo. Leemos, hacemos fotos, cuando tenemos hambre tomamos una hamburguesa con "fríes" y una cerveza sin movernos de la tumbona. Es absolutamente espectacular. Menudo recuerdo nos vamos a llevar. Nos gustaría atrapar este momento para recrearlo cuando volvamos a la rutina.


Hoy el día engaña, porque bajo este fresco de 16° que no da calor, el sol sigue haciendo de las suyas y nos quemamos las zonas expuestas. 

Sobre las 18:00, ya cansados de tumbona, nos vamos a hacer otras 3 millas por la cubierta 3. La tarde es espectacular, y el paisaje de bosques recortados tan cerca del barco con sigue cautivando. Cuando ya vemos que los tempraneros están cenando, nos sentamos en cubierta a tomarnos unas cervecitas Alaskeñas y sacar conclusiones del viaje. 

A las 20:00, ya sabiendo que se nos ha pasado la hora de la cena nos subimos a la cubierta 9, a dar otra vuelta, y ahí nos espera un espectáculo que ya no pensábamos ver. Atardeciendo ya y pegados a nuestro barco, un grupo de delfines se ponen a saltar y juguetear con la estela del barco, cautivando a todo el personal que se vuelca en exclamaciones y fotos para capturar tan preciado momento. Nos ofrecen un verdadero desfile de saltos y cabriolas. Y son un montón. Nos siguen durante una media hora haciendo nuestras delicias. Menudo regalazo de fin de fiesta. 


Gracias a los delfines nos juntamos con los vascos que hemos coincidido durante el viaje, y nos liamos a charlar, hasta que a las 22:30 nos vamos a picotear algo de lo que sirven para la "late people" y bajamos al camarote a cerrar la maleta que tenemos que dejar en la puerta antes de las 24:00. 

Preparamos lo que hay que dejar listo para mañana, nos duchamos y dejamos la maleta fuera. 

Esto ya toca a su fin, y como siempre llegado este momento, empieza la morriña por el viaje que se acaba. 

Día 12. Ketchikan (27 de julio de 2017).

A las 8 despiertos. La noche ha sido mala, dolor de todo el cuerpo y tiritonas. Pero el dolor de estómago ha remitido, y ya tolero mejor los líquidos. Mientras Jacinto se va a desayunar aprovecho para ducharme y arreglar un poco la habitación. Hoy me toca esperar en el camarote hasta que me dejen salir. A las 10 me llaman del servicio médico para ver cómo estoy, recordarme que no debo salir, y me dicen que ya puedo empezar a comer algo ligth para ver cómo lo voy tolerando.

Estoy oficialmente "isolated", es decir, aislada. No puedo salir de la habitación ni visitar ningún espacio común. Y mucho menos bajar a tierra. Empiezo a pensar que no es que se preocupen por mi bienestar, sino más bien por la del resto del pasaje.

Al venir de desayunar, Jacinto me cuenta que están desinfectando todo el barco. Obligan a la gente a desinfectarse las manos antes de entrar al buffet, no permiten a nadie tocar las pinzas de la comida; sólo las manejan los camareros, tampoco te puedes servir la bebida de las máquinas automáticas, sino que el camarero lo hace por ti. Desinfectan pomos, barandillas, botones del ascensor y todas aquellas zonas que son tocadas habitualmente por la gente. 

Sobre las 11 llaman a la puerta y viene un equipo especial de desinfección para limpiar a fondo la habitación. Parecen los cazafantasmas, con mascarilla, guantes y delantal especial, mientras un sobrecargo me da charla, los otros dos ponen el camarote patas arriba y cambian toallas y sábanas. Me informan que por protocolo lo harán dos veces a lo largo del día. 

Jacinto va y viene por el barco esperando que me levanten el arresto. Ya me encuentro mejor, pero no me dejan salir. A las 13:15, pensando que se han olvidado de mí, llamo al servicio médico para pedir permiso. Por más que insisto que ya han pasado más de 24 h desde el último vómito (que es lo que me dijo la enfermera que tenía que estar en aislamiento), me dicen que en el ordenador pone que no puedo salir hasta las 15:00, y que no me mueva de la habitación hasta entonces. Qué sensación más rara ésta de estar confinado en la habitación. Me duele todo, ya no sé qué hacer.

Me traen la factura de la consulta médica de ayer. El total asciende 120 $. 85 de la vista, 14 del inyectable, 15 la medicina y 8 la jeringuilla! Alucino! En qué momento llamé...

A las 14:59, ya lista para salir corriendo y que nos de tiempo a ver algo de Ketchickan, vuelvo a llamar al servicio médico y me dice que bueno, que aún me queda un minuto, pero que puedo salir... Salimos derechos a la puerta de desembarque, y al pasar la tarjeta para salir, me deniegan el desembarque por ser "isolated people"... Me siento como una apestada. Llaman al servicio médico y cuando todo se aclara, ¡por fin puedo salir y ver la luz del día!.


Por fin pisamos Ketchikan. Es un tranquilo pueblo situado en las orillas del Estrecho de Tongass. Paseamos Creek Street, que es una calle construida toda sobre pilotes de madera, sobre el arroyo por donde suben los salmones a desovar. Hay tiendas de souvenirs y de artesanía, y la mayor colección de tótems de Alaska. Queríamos haber sobrevolado los Fiordos en hidroavión pero con este episodio no ha sido posible. Damos una vuelta por el pequeño pueblecito y a las 17 nos volvemos al barco.



Nos vamos a la cubierta de popa, dado que hoy no hace frío, y nos sentamos a tomar un batido y un mojito viendo cómo zarpamos. Hoy no pienso pisar la habitación hasta la noche.

Cuando empieza a refrescar, y tras un rato de lectura, nos damos una vuelta por el barco y acabamos en el restaurante de popa cenando como señores. Aunque en la puerta pone las normas de etiqueta que hay que cumplIr, lo cierto es que cada uno viste a su aire.

El servicio y la atención es inmejorable, y aquí es donde nos damos cuenta que la media de edad del barco es de unos 70-80 años. En los anteriores cruceros no había una población tan mayor como aquí. Deben ser unas vacaciones típicas de los jubilados americanos venir a Alaska. 

Tras la cena nos vamos a ver una película a la habitación. El espectáculo del teatro de hoy no nos apetece mucho. 

Mañana toca día de navegación y de recogida de equipaje para desembarcar. 

Día 11. Glaciar Bay (26 de julio de 2017).

Hoy el día comienza a las 8, nos toca día de navegación por el Parque Nacional del Glaciar Bay. El parque está considerado como  Reserva de Biosfera y Maravilla de la Humanidad por la UNESCO. La bahía del Glaciar protege un ecosistema único de plantas y animales que conviven con un paisaje glacial que rara vez cambia. Viviremos en directo cómo un monumental bloque de hielo se separa del glaciar y choca contra el mar, creando un sonido ensordecedor y expulsando agua a cientos de metros del crucero.

Según nos levantamos noto que tengo molestias de estómago y malestar; supongo que algo de lo que cene anoche me ha sentado mal. Subimos a desayunar, un yogur con cereales y fruta, no me apetece nada más. Y nos vamos a cubierta a ver el alucinante paisaje de glaciares por todos lados. El viento es frío, helador más bien, y aguantamos poco en la cubierta despejada. Buscamos un rincón en la terraza donde poderlo disfrutar algo más resguardados.


Disfrutamos y fotografiamos el glaciar Johns Hopkins. Estamos dentro del parque Nacinal Glacier Bay, donde unos Rangers del parque se suben al crucero y nos explican por megafonía particularidades y curiosidades del mismo. A medida que avanza la mañana cada vez me voy encontrando peor, tiritona, temblores, frío y sudores a la vez, hasta el punto de que tengo que bajar al camarote a vomitar. El dolor de estómago es insoportable y me hace doblarme. Ya no parece que sea algo que me ha sentado mal, sino algún tipo de virus gastrointestinal. 

Llegamos a los que vaya a ser la joya de la corona de este viaje, el Glaciar Margerite (the highligth of today). ¡Impresionante!. Un glaciar casi tan grande como el Perito Moreno, visto desde la cubierta del barco, a escasos metros del mismo, ya que el barco se acerca lo más posible y está allí parado casi una hora. Oímos el estremecedor  estruendo del hielo cuando cruje, vemos grandes trozos, desprenderse de la lengua del glaciar, que caen al lago con gran estruendo levantando ondas "espesas" que remueven el agua y hacen aflorar cantidad de peces y placton, que las gaviotas aprovechan para comer. El lago está lleno de estos pequeños icebergs desprendidos del glaciar. Algunos de ellos son minúsculos y otros tan grandes que las focas aprovechan para tumbarse encima. La imagen del glaciar tan majestuoso y cercano es impresionante. Es una pena que me encuentre tan mal para disfrutarlo mejor. 


Cuando nos alejamos del glaciar buscamos un sitio calentito  donde tumbarnos un rato a ver si se me pasa la tiritona. Cada vez estoy peor. Sobre las 12:00 como un poco de jamón York para ver si se me asienta el estomago, pero lejos de eso, los dolores empiezan a ser más fuertes e inmediatamente tengo que vomitar de nuevo. Definidamente he debido pillar algo puesto que tengo hasta fiebre. 

Mientras Jacinto se come una hamburguesa en el dive-in, yo intento tomarme una limonada que me calme algo, pero resulta peor. La comida me da asco y cualquier cosa que me lleve a la boca, incluso simple agua, me provoca más dolor y náuseas. 

Nos vamos a la habitación a descansar un rato y no hay manera de dejar de temblar, estoy helada aunque la calefacción está a tope. Finalmente consigo entrar en calor y dormir algo. 
Salimos a dar una vuelta por cubierta para que nos de el aire, y tras la primera vuelta al barco me tengo que tumbar porque me duele todo y estoy mareada. Nos tumbamos en las hamacas de la piscina cubierta. No hay manera de que se me pase, cada vez estoy peor. Y a las 6 decido irme al camarote a meterme en la cama. 

Nos encontramos un aviso de que hay un virus que está afectando al pasaje. Si tenemos algún síntoma de diarrea, vómitos o malestar hay que llamar al servicio médico. Así hago e inmediatamente sube una enfermera que me hace el cuestionario completo de síntomas y el diario exhaustivo de cuales han sido mis pasos en las últimas 24 h. Me toma la tensión y la temperatura. Tengo 38°. Y me pone una inyección para calmar los dolores y las nauseas. A dieta estricta 24 h, y tomar sólo líquidos. Me dice que no puedo salir de la habitación hasta pasadas 24 h desde el último vómito así que hasta mañana a las 13:00 h aquí confinada. 


Espero que la inyección haga efecto pronto y mañana estar mejor.

Día 10. Skagway (25 de julio de 2017).

Llegamos a Skagway a las 7:00 am. Skagway está situado en la ruta de los buscadores de oro que pasaban por el pueblo para ascender el White Pass o el Chilkoot Pass como parte del arduo recorrido para llegar a Dawson City en Yukón (Canadá) donde en 1896 se encontró oro. 

Desayunamos a las 7:00 para estar listos a la hora de la excursión. Cogemos el tren de White Pass, que se construyó entre 1897 y 1899 para facilitar el camino de los buscadores de oro desde Skagway  hacia el interior, hacia los campos de oro.


El viaje consiste en recorrer la misma ruta que ellos hacían a pie, pero en un viaje en tren, replica de los de entonces, admirando el paisaje del valle y las escarpadas montañas y acantilados por donde transcurre el trazado. A veces la estrechez de la vía, otras la profundidad del barranco, la "fragilidad" del antiguo puente de madera, y otras el escarpado camino hace cuestionarse la temeridad del viaje. Pero una cosa es incuestionable: la belleza del paisaje. Es impresionante.


Tras 2 horas de viaje, para recorrer apenas 50km, cruzamos la frontera de Alaska con Canadá, y el tren, tras un cambio de locomotora, comienza su camino de regreso por el mismo paraje de subida. Volvemos a disfrutar de tan inolvidables vistas de nuevo. 

Sobre las 12 llegamos de nuevo a Skagway, y como vemos que el pueblo es pequeño y hasta las 20:30 no zarpamos, nos vamos al barco para descargar peso y comer algo.

Tras comer nos tomamos nuestro tiempo para explorar el pueblo y las pequeñas tiendas de recuerdos. Lo primero que llama nuestra atención es un pequeño río que cruza el pueblo, y donde vemos cientos de salmones tratando de remontarlo para llegar a sus lugares de nacimiento a desovar. El espectáculo es único. Admira la fuerza y el empeño que le ponen para nadar durante kilómetros contra corriente, remontando el río con todas sus dificultades. 


Continuamos nuestro paseo visitando el pueblo que se compone de 2 avenidas principales y paralelas, Broadway Av. y State Av., y 8 calles trasversales: 1 St., 2 St., 3 St... y 8 St. ¡Originales estos americanos!. 


Toda la avenida principal está llena de pequeñas tiendas dedicadas al turismo y ofertas de tours por los alrededores. Claramente ahora viven por y para el turismo de los cruceros que inundan el pueblo en los meses de mayo a octubre. La estética es la misma que estamos hartos de ver en las películas del lejano oeste (y nunca mejor dicho). Están todos los tópicos: la barbería, el saloon, la biblioteca, el banco al estilo de las pelis... Parece transportado a un escenario de película.


Entramos en el Red Onion Saloon, un bar auténtico. Con su olor a cantina, sus mesas de madera llenas de cowboys y las chicas del saloon con el corsé bien apretado y los billetes asomando por el pecho. Tal cual. 


Damos una vuelta por el Museo Trail of 98 y el Parque de la Fiebre del Oro de Klondike, donde aprendemos sobre la importancia que tuvo la fiebre del oro en la zona y podemos unirnos a un tour por los antiguos edificios restaurados y entablados de madera que nos recuerda el pasado.
A las 18:00, tras patear todos los rincones del poblado, nos vamos para el barco porque empieza a soplar viento frío. 


Buscamos un lugar en cubierta donde no sople mucho y nos sentamos a tomarnos una cervecita mirando el paisaje de Skagway desde lo alto del barco. La acompañamos de una de las pizzas que ofrecen en la cubierta 9 junto a la piscina de popa, y aprovecho para escribir el diario del día.

Antes de que finalice el horario de cenas vamos al buffet a tomar una ensalada y probamos el Cod (bacalao) que aquí tiene un sabor más fuerte y una textura más dura.

Damos una vuelta por el barco y a las 22:00 nos vamos al teatro donde el espectáculo de hoy es una mezcla de impresionantes imágenes de Alaska, de un documental hecho por la BBC, acompañadas de la orquesta del barco. Resulta espectacular ver cómo  el oso pesca salmones acompañado de redoble de tambor para darle más realismo. 

Sobre las 23:00 nos vamos a dormir, que aunque parece que no haces nada a lo largo del día, acabas realmente molido.

Día 9. Tracy Arm - Juneau (24 de julio de 2017).

Sin saber muy bien porqué estamos todo el día muy cansados, así que hoy aprovechamos para dormir hasta las 8:30, pero como durante la noche hemos cambiado de uso horario, resulta que son las 7:30 cuando nos despertamos. Ducha, desayuno y subimos al salón de proa de la planta 11 para ver el paisaje, ya que fuera hace frío.

Navegamos por el Fiordo Tracy Arm, otro de los escenarios de glaciares más impresionantes de Alaska. Nos adentramos en un espectacular recorrido entre picos de montañas, cascadas e icebergs con todo tipo de formas maravillosas. Como el barco no atraca hasta las 13:00, nos entretenemos un rato terminando el puzzle de ayer, y explorando otras zonas del barco. Localizamos el teatro en las plantas bajas de proa, paseamos por la "promenade" de la tercera planta, y poco a poco nos vamos adentrando en Juneau, capital de Alaska.


Juneau está localizado en el pie de las grandes montañas sobre el Canal de Gastineau, junto al impresionante Glaciar Mendenhall,  que luego visitaremos. Una vez atracados, descendemos a puerto y buscamos el bus que nos llevará hasta el glaciar. La vista del mismo es impresionante, la lengua es un bloque inmenso de hielo azul que desciende hasta el lago Mendelhall, donde también cae una bonita catarata. Hay un paseo de unos 45' que te acerca hasta la cascada, y ofrece unas bonitas fotos del lugar. Allí estamos durante unos 45' tomando fotos y disfrutando de la vista. Volvemos al centro de interpretación del glaciar para tomar el bus de vuelta a la ciudad. 

En el mismo puerto tomaremos el tram cable que nos sube al monte Robert's desde donde la vista sobre Juneau y sobre el canal es impresionante. Paseamos por la zona y vemos el centro de recuperación del águila real donde un ejemplar hembra está recuperándose de un disparo. Menudo bicho impresionante. Sus alas desplegadas llegan a medir unos 3 metros.


Hacia las 18:30 bajamos hacia el pueblo para dar una vuelta y patear sus calles y tiendas. Parece totalmente un pueblo del lejano oeste... Con su cantina, su saloon, sus tiendas de souvenirs que  identifican claramente cual pertenece a familias de Alaska y cuales no. Hay mucha artesanía, mucho souvenir chino y mucho puesto de comida rápida. 


Sobre las 20:00 subimos de nuevo al barco que zarpa a las 21:00. Cenamos una buena ensalada (ya estamos muy cansados de la comida con salas y muy especiada). Al volver a camarote tenemos la carta de recepción para indicarnos que hay una incidencia con la tarjeta de crédito. Bajamos a solucionarlo y a las 21:30 nos vamos a ver el espectáculo del teatro, que esta noche es una pareja de hermanos tocando rock y country con violín. Resulta muy interesante.


Tras pasar todo el día fuera, ya no nos quedan ganas más que para irnos a dormir, que mañana toca madrugar.

Día 8. Crucero Alaska - Pasaje interior (23 de julio de 2017).

Hoy ha sido un día ocioso de navegación. Despiertos desde las 6:30 por lo pronto que nos acostamos, el día se hace largo.


Tras desayunar pasamos a vagabundear por el barco y descubrir sus rincones. Es inevitable comparar con los cruceros anteriores y buscar las diferencias. Empezando por el tema de la comida, que es menos a variada, siguiendo por el entretenimiento, que no hay teatro con espectáculo diario, sino una sala pequeña donde echan una película y terminando por la masificación; que en este crucero hay mucha menos gente que en los anteriores. 

Las piscinas, salvo una, son cubiertas dado que el tiempo no acompaña para ser exteriores. 

Encontramos en la proa de la planta 10 un salón de juegos y cafetería con unos ventanales enormes hacia el mar. Nos sentamos un rato allí y asistimos a la charla de la Naturalista que nos explica toda la fauna que podremos encontrar en nuestro día de navegación, y efectivamente veremos ballenas y delfines a lo largo del día. Si bien su presencia es más bien tímida, con cada aparición arman un pequeño revuelo que provoca que todo el mundo se arremoline en el mismo punto señalando hacia donde se ven. 


Intento ir a la clase de stretching, pero cuando me quiero apuntar el cupo está lleno. Me apunto a la próxima el miércoles que viene. Salimos a cubierta a leer un rato. 

Sobre las 12:30 bajamos a comer al salón atendido donde nos sientan con otras 2 parejas americanas, con las cuales no conseguimos mantener mucha conversación debido a la rapidez con que hablan, a su marcado acento yanqui y a mí oxidación con el inglés. 

Tras comer salimos a leer un rato y dormitar en la piscina cubierta y por la tarde volvemos al saloncito. El día se hace muy largo.


Echamos unas partidas de parchís y nos entretenemos un buen rato con un puzzle. 

Sobre las 20:00 nos vamos a cenar tratando de evitar la cena de gala que hoy se celebra en el comedor. Picoteamos algo en el buffet y volvemos al salón a ver la puesta de sol. 

A las 22:30, tras todo el día vagabundeando por el barco, decidimos irnos a ver tele un rato al camarote. 

Lo más interesante que ha tenido el día ha sido ver de vez en cuando las ballenas y delfines, y observar la costa, absolutamente cubierta de bosques muy tupidos y despoblada por completo de civilización. Esto debe ser el más puro Alaska, bosques y bosques y más bosques.