Día 8. Triberg, lagos Titisee y Schluchsee.

Estamos tan enamorados del hotel, su belleza y sus vistas, que no queremos irnos de aquí. Incluso nos pesa haber reservado nuevo hotel, porque nos quedaríamos aquí a pasar el día completo disfrutando del mismo.


Bajamos a desayunar, y la señora es tan amable y cariñosa, que aunque no habla inglés, se hace entender lo suficiente como para agradarnos lo más posible. 



El desayuno es perfecto, variado, de postal. Da pena empezar cualquiera de los platos que con tanto gusto ha colocado. El salón es una maravilla, lleno de bonitos detalles que lo hacen agradable y acogedor. 

Lo disfrutamos, nos lo tomamos con calma. Realmente nos queremos ir... Aún sin saber nada de alemán, tartamos de explicarle a la señora lo encantadora que ha sido y lo bonita que es su casa. 

Cuando ya no sabemos cómo demorarlo más, con gran pena, subimos las maletas al coche y seguimos camino hacia Triberg y sus relojes. 

Bajamos al pueblo, buscamos parking y nos vamos a ver las principales atracciones del mismo. Una de ellas es la cascada, que ya la vimos ayer y hoy está llena de gente, y la otra la tienda de los mil relojes. Es una tienda que se ha especializado en relojes de cuco y puedes encontrar cualquiera que se te ocurra soñar, desde los más tradicionales a los más modernos, de los más sofisticados a los más sencillos, hay todo tipo de relojes que te puedas imaginar. Ya su fachada es un atractivo en sí. 

Disfrutas un rato de la tienda y charlamos con un dependiente, que es andaluz, y se vino a Alemania a trabajar cuando en España se quedó sin trabajo con la crisis española. Nos habla maravillas de los alemanes y de su forma de ser: educados, respetuosos, limpios, trabajadores... Cosa que ya hemos podido comprobar en estos días. 

Nos vamos a ver el que dicen que es el reloj de cuco más grande del mundo, que está a las afueras de Triberg. Nuevamente el paisaje espectacular. Se encuentra a pie de las montañas y de un río. Justo al lado hay otro que pretende disputarle el calificativo de "el más grande". Son del tamaño de una casa y es visitable por dentro, donde puedes ver el mecanismo del mismo. Resulta agradable la visita. 
Vuelve a haber una gran tienda de souvenirs, donde tienes otra oportunidad para comprar un reloj de cuco.


Seguimos camino hacia los Lagos por la famosa carretera B500 que lleva a través de toda la Selva Negra, pudiendo así disfrutar una vez más de sus bosques, sus montañas, sus pueblecitos... Nos llama la atención que hasta en el pueblo más pequeño suele haber una fábrica, o industria, en lugar de situarse en torno a núcleos urbanos más grandes.

Lagos Titisee y Schluchsee.

Llegamos al primero de los Lagos, y lejos de encontramos un bonito lago rodeado de árboles y merenderos o zonas de recreo, nos encontramos todo un macro complejo vacacional creado alrededor del mismo. Ya nada más llegar, los 3 parkings que hay para autobuses, caravanas y coches, nos dan la idea de que esto no va a a ser lo que teníamos pensado. Una vez sueltas el coche y te pones a caminar, empiezan a aparecer tiendas, hoteles, restaurantes, ¡una noria!, y hasta un embarcadero de donde parten barcos para navegar el lago... Apenas puedes acercarte al lago sin pasar por alguno de los negocios que lo han acaparado.... Nos damos media vuelta y vamos a buscar el siguiente que está menos concurrido.

De camino al lago Schluchsee nos encontramos un pequeño laguito que sí se acerca más a lo que estamos buscando. La gente se está bañando, tomando el sol e incluso con pequeñas lanchas neumáticas. Buscamos una sombra donde comernos un bocadillo, que compartimos con un pato que viene a pedirnos pan, y que incluso lo toma de nuestra mano. 

Pasamos aquí un par de horas disfrutando del lago y luego nos vamos a conocer el lago Schluchsee, que es el más grande y mucho más tranquilo que el anterior. Tiene sitios de alquiler de velas y kayaks, y algún chiringuito donde tomar algo, pero no es la locura del primero. 
Tomamos un café, y sobre las 18:00 nos vamos a buscar nuestro hotel que se encuentra montaña arriba. 

El hotel está a 2,5 km de Titisee Neustadt, en plena montaña, con vistas al bosque, las praderas y todo el pueblo al pie del mismo. Es un remanso de paz. 
Nos damos una ducha para quitarnos el cansancio y el calor de todo el día de sol, y vamos a cenar al restaurante que es propiedad de los mismos dueños que el hotel, y que está a 1'5 del mismo.


La cena, de despedida de este viaje, resulta de lo más agradable. En la terraza del restaurante, con vista al valle, no se puede pedir mejor recuerdo para llevarnos en la retina.


1 comentario:

  1. Madre mía.... vaya vistas xa la despedida!! Un buen colofón, desde luego...

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